lunes, 13 de noviembre de 2017

Ni Boudou, ni nadie...



He visto a mucha gente sufrir hasta lo profundo.
A muchos de los presos políticos los he visto soportar el maltrato. La vejación. La violación a la intimidad. Los he visto gritar un grito ahogado, que nadie nunca quiso acompañar. 
Aún así, sea Boudou, López, De Vido, Ricardo Cavallo o Patti, hay umbrales que como sociedad no deberíamos aceptar que se crucen. Nunca.
No me gusta el regodeo en la desgracia ajena. Me revuelve las entrañas ver cómo algunos aprovechan la vulnerabilidad del que ha caído en desgracia, para humillarlo sin sentido.

Los derechos humanos nos comprenden a todos. Siempre.
Me chocaron mucho las imágenes de la detención de ex vicepresidente de nuestro país. Recordé inmediatamente imágenes que me dolieron hasta el alma hace unos años, cuando los Boudou eran los "empoderados" y aplaudían el regodeo de la humillación en sus adversarios.
Cosas del destino, hoy le tocó a él.
En este tipo de actitudes, como sociedad, nos debemos un mundo de sensatez y respeto. Ni los unos… ni los otros. NADIE.. NUNCA

Horacio R. Palma
Escribidor contumaz....

El HPC era una fiesta


Julio...donde vos estás, estuve de visita mil veces. 
Vas a ver que lo que tus jefes llamaban Hospital, es una mierda que no tiene ni gasas. Que lo que tus jefes aseguraban servía hasta para enfermos cardíacos crónicos, no sirve ni para una descompostura de estómago. A veces no hay agua.. a veces no hay luz.. o enchufas un horno en el toma incorrecto, y los días sin luz, se harán semanas.
Desde las ventanas vas a ver rejas, algo de pasto.. y màs rejas. Y al fondo.. en el ala correcta.. vas a ver barrios humildes a los que ustedes les arruinaron la vida. 

Vas a ver que la mitad de los días no vas a tener agua caliente.. pero no importa.. según tus jefes de antaño, los viejos que estaban allí por haber combatido al terrorismo, no se merecían agua caliente...ni siquiera cagar escondidos. Mientas vos estas sentado en el inodoro, alguien se asomará por la ventana de la puerta solo para ver cagar al otrora todopoderoso señor. Y te va a caer la ficha, siempre cae, si valió la pena haberse cagado en tantos..

Sos un tipo inteligente Julio, se nota, por eso estoy seguro que esta noche te pasarán horas con insomnio, maldiciendo haberte encogido de hombros por tantos y tantos.
Sabé que allí donde dormirás en las próximas noches, han dormido viejos muy dignos. Que no se ampararon en fueros, que no contrataron a un abogado por millones, que aguantaron estoicos ser atendidos en un lugar inmundo. Cuando quieras hablar por teléfono, tus familiares te reconocerán, si funciona el teléfono claro, por esa inigualable voz que avisa que la llamada proviene de un Establecimiento Penitenciario que, curiosamente.. le falta todo todo todo ... lo que funcionarios y políticos comos vos y tus jefes.. se robaron durante una década. Las vueltas de la vida Julio...
Suerte... y que tengas muchas visitas siempre. Porque la soledad, amiga de los malos tiempos, angustia y enferma los huesos

Horacio Palma
Escribidor contumaz...

sábado, 8 de abril de 2017

Micaela García #FuimosTodos



El dolor hasta los huesos. El dolor en sus calles angostas. El dolor por sus veredas estrechas, por el costado del río de las mil vueltas. El dolor por entre el verde bien verde de las chacras. El dolor traqueteando por el empedrado desparejo, por el ripio lavado, por las calles con huellones de barro, por sus plazas ahítas vida. El dolor porque ha sido otra vez lo inconcebible en las entrañas del pueblo que nunca fue esto, pero que se está empezando a acostumbrar a serlo.
Quiera Dios que nunca amanezca resignado a lo peor.
Quiera Dios que nunca nos dejemos vencer por los peores.
El dolor inmenso porque ha sido una joven, y una joven con inquietudes, con ideales, con militancia por lo que creía. Esa juventud que aspira a más, y a dar, y a creer, y a luchar en paz por lo que cree, aunque en esa lucha se le vaya la vida.
Y ante esa juventud, de su lado o en las antípodas: yo me quito el sombrero.
Mica, Gualeguay no era así, te lo juro. Y hablo del Gualeguay de ayer nomás. Gualeguay era pueblo de puertas abiertas, de caminares sin miedo. De niños aventureros que se perdían en medio de los pastizales en busca de ranas, de pájaros… de mandarinas, o de sueños. De jóvenes de pesca por las noches en el río. De chicos jugando en la vereda y de chicas volviendo a sus casas con sonrisas y sin miedos.
No me voy a sumar al coro que gusta resumir todo, subrayando con lavable rojo lo que le conviene. Y nos confunden queriendo. O sin querer.
A Mica no la mataron por ser mujer. Es tan obvio que hasta resulta difícil creerlo. Resumirlo así es fácil. Tan fácil como poner nuestras responsabilidades en la vereda de enfrente… o colgarlas en la soga de la ropa del vecino, para que las seque otro sol con otros vientos. O lo que es peor, creyendo que puede pagar sus culpas con una recompensa de 500 mil pesos.
A Mica la matamos entre todos, con lo que hemos venido haciendo. O hemos venido dejando hacer.
Lo repito mil veces.
A Mica la matamos entre todos, con lo que hemos venido haciendo. O hemos venido dejando hacer
El asesino nos avisó hace mucho tiempo lo que iba a hacer. Pero desde hace algún tiempo, a nosotros nos gusta hacernos los distraídos y llorar sobre los dolores derramados, antes que tomar el toro por sus astas.
El asesino avisó hace mucho tiempo lo que iba a hacer. Y lo que duele hasta el infinito, es que tuvo un poderoso cómplice que lo apañó con su lapicera de nácar, desde su sillón de “rey” y le dijo: “vaya… y haga”. Y levantó la reja de la jaula y lo soltó en medio de nosotros sin siquiera poner un cartel de aviso o de peligro.
Total, el rey está a salvo en su torre de marfil.
Claro que lapicera, sillón, vida a cuerpo de rey y cada gramo del marfil de su espesa torre: se le pagamos nosotros.
La pagamos usted y yo… y la pagó muy caro Mica.
Al que más barato le salió, fue al hijo de puta que la mató.
A Mica la matamos entre todos nosotros… y Mica son mis hijos, son nuestros padres, nuestros abuelos. Somos nosotros.
La mató una sociedad absurda que recoge de un pastizal lo peor de ella… y a la mañana siguiente, cuelga sus miserias en el patio del vecino.
Basta. ¡¡BASTA!!. O nos hacemos cargo, o nos cargarán a todos.
Descansa en paz Micaela García… sé que ya es tarde. Sé que ya no te sirve de nada. Pero de todos modos, llévate mil perdones y mil más de todos nosotros, tus mayores, que no supimos saberte cuidar esa sonrisa franca, que hoy nos hace llorar a todos.

Horacio R. Palma

Escribidor Contumaz

domingo, 2 de abril de 2017

#1A



La grieta... si que hay una grieta inmensa y profunda. 
No sé cuándo empezó, si nació con nosotros o la incubó alguien para cagarnos la vida y el país y el futuro.
Hoy salí a la calle, como muchas otra veces. Salí con los argentinos que no sienten que deben recibir, sino que saben que hay que ganárselo.
Con los argentinos que conocen sus derechos, pero también se hacen cargo de sus obligaciones. 
Cientos de miles embanderados con nuestro único y sublime color: Celeste y blanco.
Cientos de miles de argentinos abarrotando las plazas y las calles, sin un solo empujón. Sin un solo desmán. Sin una sola pared pintada ni la Catedral quemada ni la sinagoga profanada ni la plaza pisoteada ni las heces en las calles.
Cientos de miles de argentinos con realidades diferentes, unos con más, otros con menos, pero todos que la luchan y la reman sin resentimiento.
Niños, jóvenes, adultos y ancianos. Con bastones, en sillas de ruedas, con muletas, con mascotas.
Ni una palabra fuera de lugar, ni una sola falta de respeto.
Cantar el himno, festejar la lucha y la calle... y volver en orden.
La grieta abismal, entre la Argentina profanada y la Argentina digna. Entre los que intentan desmadrarla, y los que laburan cada día para que no desaparezca. Entre los que solo exigen sus derechos, y los que se hacen cargo de sus obligaciones.
Esa grieta enorme y profunda, entre una Argentina que agoniza tras años de vejaciones, y otra que está pariendo un cambio profundo y definitivo, gritado por los que nos cansamos de callar.
Horacio R. Palma
Escribidor Contumaz

domingo, 5 de marzo de 2017

Oh Capitán, Mi Capitán... todavía los 70



Me conmovió la historia del capitán. 
En los 70, las circunstancias de nuestro país lo pusieron a combatir contra el terrorismo. 
El con su uniforme, los terroristas escondidos, y matando por la espalda.
El con su uniforme y a cara descubierta, llegó hasta esa esquina de ese barrio... de noche. Los terroristas lo recibieron a balazos y hasta tiraron con lanzacohetes por la ventana... dos compañeros del capitán perdieron la vida.
Quedaron tirados en la calle esa noche, con uniforme y a cara descubierta.. las tripas también al descubierto.
Desde adentro de la casa no hubieron más razones que las caras tapadas, y la balacera infernal. 
Uno de los terroristas se tiró desde la terraza, gritando una supuesta victoria de una revolución tan imbécil como lejana.
Al final, el silencio le ganó al infierno en aquella esquina de locura y de muerte. 
De uniforme y cara destapada, el capitán recorre la casa: Armas, bombas a medio terminar, imprenta casera, cianuro en bolitas... varios muertos con cara tapada, con documentos falsos. Muertos que nadie nunca reclamó. 
Por entre los escombros, una bebé llora dentro de lo que parece haber sido un baño. El capitán desespera sus manos y se las corta en el intento desesperado por rescatarla. 
La lleva al hospital... el captián de uniforme y cara destapada y documento en mano, más los médicos de la guardia...le salvan la vida.
Pasaron más de 30 años... la bebé ya es mujer y le han prometido no la revolución por la que murieron a sangre y fuego sus padres, sino más de 200 mil dólares. 
Los registros del hospital dicen exactamente el nombre y el grado de quien le salvó la vida... pero el estado cómplice del terrorismo lo viene a buscar para encerrarlo: "Robo de bebé" dice el papel que escribió algún hijo de puta.
Ya sin uniforme, pero siempre a cara destapada... el viejo soldado se pega un tiro y no se entrega.
Y allí el círculo de muerte se cierra, idéntico. Triste. Patético.

Horacio R. Palma
Escribidor contumaz

sábado, 15 de octubre de 2016

Los arruinadores de sueños...

Ingeniero Reinaldo Dal Bosco. 
Asesinado por Montoneros 16 de octubre de 1975 junto a Raúl Sanguinetti



Los arruinadores de sueños tuvieron su día de puta gloria aquél 16 de octubre.
Cinco minutos les llevó acribillar a Rino y a Raúl.
Con 50 tiros a quemarropa y por la espalda, un grupo terrorista de Argentina que firmaba Montoneros… ahogó su sed de sangre y de muerte en una esquina de Adrogué.
Una mujer saluda desde la puerta de su casa. Una frenada, un choque.
Ráfagas de plomo.
Nube de pólvora.
Los gritos que crispan una mañana apacible.
Los tiros de gracia para rematar con saña.
Un motor acelerado, un barrio que despierta.
Un hijo pequeño que corre hacia el auto, e imprime para siempre en su memoria esa cruenta imagen de la muerte de su padre en medio de un río de sangre.
Noches enteras de llanto en la soledad de un dormitorio oscuro. En la habitación de al lado, dos niños se muerden los labios y aprietan los puños llenos de porqués… pero siempre vacíos de respuestas.
Rino ha comprado su primer auto cero kilómetro, y junto a Nilda deciden un viaje para “ablandarlo”. Antes era así.
Mirá lo que son las cosas… Rino escapó junto a su familia de una Italia en guerra: eligieron Argentina.
Y aquí estudió y se recibió de Ingeniero y formó una familia y puso sus sueños, en en manos de su amada Argentina.
Rino amó a la Argentina, con las mismas fuerzas con que la odiaron quienes lo cortaron en dos a balazos.
La foto lo muestra sereno en un alto en los caminos de su querida Argentina.
Un camino sinuoso atrás, una mirada hacia adelante, una piedra en el camino.
Claro que no lo sabe, pero ese mismo Ford Falcon será luego su mortaja en la esquina de su casa. Reinaldo Dal Bosco y Raúl Sanguinetti terminaron sus vidas dentro de este auto, acribillados por los adoradores del terror.

Raúl Sanguinetti... acribillado junto al Ingeniero Reinaldo Dal Bosco

¿Quiénes fueron?, se preguntan cada día su esposa y sus hijos. Y en verdad puede haber sido cualquiera de los tantos Montoneros que caminan por la vida orgullosos de tanta muerte… Carlos Kunkel, Patricia Bullrrich, Cirilo Perdía, Vaca Narvaja, Horacio Verbitsky… el ahora fiscal Di Lello, o Marcela Durrieu, la mamá de Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa. O algún Galmarini. O Graciela Daleo, o algunas de las niñas Carlotto antes de ovular o tras algún coito de ocasión en nombre de una Revolución que pedía sangre a cambio de un orgasmo.
Y aunque no hayan sido ellos, que es lo más probable… obviamente lo fueron.
Claro que nuestro silencio… y el miedo a contar la Historia, terminaron de moldear la impunidad.

Las Víctimas del terrorismo en Argentina no tienen voz… no tienen rostro... no tienen justicia… ¿porqué?. Simplemente, porque los asesinos, los arruinadores de sueños, aquellos que asesinaron para sembrar el terror, están en el Poder.

Horacio R. Palma

Escribidor contumaz

miércoles, 5 de octubre de 2016

5 de Octubre... el ejemplo Hermindo Luna


Hermindo Luna, a la izquierda de la foto


Hubo un tiempo en que Argentina había sacado todos los premios de locura, en la imbécil Lotería de la violencia. No fue hace mil años… ni doscientos, sino que fue ayer nomás.
La Historia intentó ocultarnos aquél tiempo, solo para proteger a los cobardes.
Pensá que en una tórrida tarde de un 5 de octubre de 1975, un grupo de terroristas argentinos, financiados en partes iguales, por el Estado Cubano y por lo recaudado en delitos comunes … se armaron hasta los dientes, secuestraron un avión de Aerolíneas Argentinas, tomaron el Aeropuerto de Formosa, fusilaron a un policía que estaba allí de custodia, en caravana partieron hacia el Regimiento de la ciudad, entraron a sangre y fuego, fusilaron a los soldados que se duchaban, y a los que no se rendían, y a los que levantaron las manos porque no entendían….imaginate lo que eran de hijos de puta, que sus hijos se inventaron el mote de “jóvenes idealistas” porque se les caía la cara de vergüenza.
Pero la prepotencia del terrorismo organizado en el delirio y en el odio, se topó con la humidad y el coraje y el temple y el amor a la Patria y a su tierra y a sus cosas del Soldado formoseño.
Pequeño gran detalle.
Son las pequeñas grandes cosas que salvan a la Argentina cada vez que los hijos de puta intentan robarla, asaltarla… o terminar de saquearla.
Toda una organización asesina, se topa en la puerta de un Regimiento, en la siesta abrazadora de la heroica Formosa, con el Coraje del Negro Luna.
Yo no creo en las casualidades.
El coraje y la humildad de Hermindo Luna están bajo bandera en el Regimiento de Formosa, justo la misma siesta en que el porteño prepotente intenta imponer su terror. El Negro Luna está prestado del monte formoseño, donde coraje y amor a la tierra se aprenden poniendo cuerpo y alma: laburando. El Negro Luna está curtido de monte y de espanto, no lo asusta la lucha escarnecida ni lo frenan las palabras floridas y huecas de un terrorismo ilustrado en otras banderas, banderas que no son celestes ni blancas.
El Negro Luna está bajo bandera, armado con dos brazos fuertes, un corazón enorme como sus “pelotas”, una voluntad de piedra y el Amor a la Patria mamado de su familia.
Allí, donde nadie lo imaginaba, El Negro Luna, curtido de monte y escondiendo el miedo, levantó la cabeza  y agachó su rodilla y empuñó el fusil que le dieron para defender a su Patria
“Rendite negro, que con vos no es la cosa”, grita el terrorismo ilustrado.
“Acá no se rinde nadie carajo!!” grita Luna con grito heroico de Patria.
El final de lo acontecido aquella tarde, lo recuerda en el Bronce todo el pueblo de Formosa.
La humildad, y el coraje, y el amor a la Patria del Soldado Formoseño, vencieron aquél 5 de octubre y  para siempre, a la prepotencia terrorista ilustrada, que subestimó a los hijos de nuestra tierra.

Mientras los hijos de puta tuvieron que cambiarse el nombre y mentir la historia, los herederos de la sangre Luna, sinónimo de Soldado formoseño, lucen orgullosos su Victoria.

Horacio R. Palma
Escribidor contumaz...